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La casa


Tengo la sensación de haber habitado antes esta frustración. Reconozco esta casa  construida sobre suelos lacustres y sueños fugaces. Sin resistencia experimento en mi vientre el dolor y el vacío que dejaron las expectativas y todos los razonamientos con que argumentaba cada decisión para construirme una maternidad ganada o merecida.

Dolor y ansiedad desarman identidades. Suelto la mentira con la que me protegí y descubro en mí, más luz de la que creí tener. Asumir el valor de vivir sin engañarme más, hacia la única dirección posible. Sobrevivir. Convertirse en lo que sea necesario y buscar la vida.

No seré yo quien derrumbe esta casa para construir la comprensión y la calma con la que llegan los años. La estabilidad de mis pies descansa en algo más perdurable que el deseo. Suelto mis problemas de autoridad ante Dios, mi falta de confianza y el miedo profundo a ser olvidada.

Entregar esta casa es dejar de vivir cansada haciendo esfuerzos imposibles porque es así como entendí que se podía someter a la realidad y llegar al “objetivo”.  Este bebé me está salvando. Me hace soltar la ilusión del control y observar que todo puede sucerder a través de mi cuerpo y aun así, no soy quien ha de dictar a la vida el cuándo ni el cómo. Tenga o no fe, esté enojada o no. En el suelo o de pie, hasta sentir la verdadera humildad, real, auténtica, con la ligereza de no tener nada que cargar porque que nada puedo hacer.  Abrazo esa humildad como lo hace un verdader rockstar, sin pose y con auténtico carisma.

No puedo llegar a mañana sin moverme. No puedo esperar más a ser perfecta. Ser la niña que cree no saber y en eso reside su sabiduría. No saber, estar vacía, aberta a que la intuición haga lo suyo dado que la muerte es lo único que ha dado valor al suceso breve de la vida.  

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menos infinito

el álgebra de mis frustraciones resulta en tí, en que soy irremediablemente libre de huir de no estar contigo y dejarte atrás llorarte y dibujarte hasta hacerte salir completa de estas manos que una vez fueron tu envoltura sacarte en lágrimas interminables como la noche primera de nuestros cuerpos hacerte salir de tanto contar tu historia para que se evapore con la tarde apagarte en el sueño de narcóticos y cansancio trabajar, estudiar, crear... llenar mi día de verbos productivos que sustituyan el dolor de no ser el futuro que tus letras de vapor me prometieron el resultado es un absurdo igual al menos infinito después del esfuerzo por sacarte de mis manos, mis ojos, tres líneas y el futuro... nada absurdo obtener nada de la nada como olvidar lo que nunca fué

insomnes

Esta noche nadie duerme. Se tiende en el espacio la nata de pensamientos sobre lo que somos y lo q nunca más Recuerdos, anhelos… deseos atados al sexo y al alma. Soledades desnudas como la noche y una llamada que no se realizó, otra que nadie contestó, otra q fue silencio y espera: deseo de una voz reclamante. Cada uno guardando sus miserias bajo la cama a la espera del desconocido y el tiempo que vendrán de la mano y cantando.

tejido

Este tejido de vidas, y sinsabores… una historia, la nuestra, tuya y mía, la única, ninguna. Efectivamente, los hilos son de tristezas y chistes malos; de tiempo, de espera, de pensamientos y de enojos. Inicio y fin sin fin, en cada vuelta, el mismo lugar, con una línea arriba, pero al fin, el mismo sitio. Una despedida, un adiós, un para siempre que es nunca… nunca absoluto, de esos que la imaginación no alcanza. El corazón se incendia y se apaga, se ahoga en llantos silenciosos, y después, un latir lento, que despierta con el frío matutino, en gris-blanco y verde, en ventana mojada, en tristezas que escurren una a una, deteniéndose de la anterior, empujando a la siguiente. Caminar lento, sin norte, sin caminar realmente. Dos pasos adelante, tres atrás. Con este pensar que me rebasa, abandona mi cuerpo, después abandona al mismo pensar. Gotas caen, pensamientos arrastrando pensamientos, empujando al siguiente momento. Y lo muerto, muerto está… Lo vivo, solo puede quedarse esperando su...